Al día
POR JUAN JOSE AYUSO En 1978, a muchos dominicanos les pareció que Joaquín Balaguer desaparecía para siempre del escenario político que lo había visto gobernar de manera despótica desde 1966 y participar como cómplice de la tiranía de Rafael Trujillo de 1930 a 1961. El caudillo, un déspota ilustrado con atisbos modernos, volvería al poder por otros diez años, de 1986 a 1996, gracias a su rehabilitación por el gobierno de Salvador Jorge Blanco y el Partido Revolucionario, 1982-86, con cuyo beneplácito. Además, regresaría a Palacio.
El cuadrienio del presidente Hipólito Mejía y el PRD entre 2000 y 2004 haría por Leonel Fernández el mismo trabajo que Jorge Blanco por Balaguer, con la diferencia de que aquél, tras la gestión 1996-2000, no había salido del poder tan desacreditado como éste en 1978.
Por un impedimento constitucional y por el hecho de que en 2004 recibió en las elecciones una lección de rechazo militante hasta de fuerzas independientes o neutrales que en ocasiones anteriores habían respaldado al PRD, Mejía no pudo volver a ser candidato ni se prevé que podrá serlo en el futuro, ya con cerca de setenta años de edad.
Pero el PRD y su candidato presidencial sí pueden recibir los beneficios de una tarea gubernamental del presidente Fernández que de manera definitiva no es aceptada como buena por la gente, cuya mayoría parecería decidida ya a sacar del poder al otra vez candidato del Partido de la Liberación.
Durante los primeros dos años y meses de la nueva gestión de Fernández, quien a su poder como presidente ha sumado el de jefe de la mayoría del congreso y los ayundamientos y el de indiscutida primera figura de su partido, se daba por seguro que el PLD se mantendría en el poder en 2008, como tras la gestión del presidente Antonio Guzmán, del PRD, 1978-1982, en que se mantuvo en el poder la organización pero con el candidato Jorge Blanco.
Cuando el presidente Fernández se acogió a la reelección, la impuso en su partido y aplastó con todo su poder a su antiguo colaborador y segunda figura Danilo Medina, la apreciación de la gente empezaría a cambiar.
Y esa gente comenzó también a sentir y a comentar que la situación económica doméstica no andaba bien, que las cosas costaban más y se ganaba igual y que los funcionarios del gobierno, con raras excepciones, lucían narcotizados en una francachela de salarios de lujo y otros altos gastos y dispendios.
Faltan ocho meses y medio para las elecciones del año que viene, lo que no es mucho tiempo, y si se sabe, como es cierto, que el presidente Fernández y sus funcionarios entienden como proclaman que hacen una de las mejores obras de gobierno de la historia del país, el 17 de mayo del año entrante pueden despertar de un sueño narcótico para empezar a vivir despiertos la pesadilla de perder el poder.
EL NACIONAL
martes, 18 de septiembre de 2007
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