martes, 11 de septiembre de 2007

DEBEMOS AYUDARNOS

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. Gal.
6. 10.

Los miembros de una comunidad son hermanos y hermanas en la fe. Ahí no debe haber cabida al engaño, a la traición, a las malas jugadas, a la discriminación (por color de piel, por la situación socioeconómica o por condición física); no debe haber espacio para el abuso, la mentira, la falta de misericordia, la falta de perdón o para el irrespeto. Nuestras amigas y amigos de la comunidad son como nuestros vecinos queridos o como nuestras hermanas y hermanos en la sangre. Así es como debe ser. Una palabra de aliento, una ayuda justo cuando se necesita, una sonrisa, un detalle, una visita, siempre servirán para alimentar esa relación en Cristo que nos hace parientes por la fe.

Columna
Tiempo para el alma
Por Josefina Navarro / El Caribe

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