jueves, 2 de octubre de 2008

¿Un gobierno sin oposición?

EL NACIONAL
POR GUIDO GÓMEZ MAZARAL a oposición está anestesiada. Pocos hablan. Y no existe una correspondencia entre los padecimientos de la nación y el rol que deben ejercer los partidos. Como manifestación del divorcio que afecta a las organizaciones y su base social debo reconocer que los reclamos diseminados en una parte del territorio nacional obedecen al cansancio de núcleos ciudadanos y no a la articulación de ningún sector adverso a la actual administración.
El partido oficial ha desarrollado con bastante habilidad una enorme capacidad de penetrar los partidos y establecer relaciones primarias donde los favores e intercambios conducen al indecoroso pacto que, casi siempre, termina en una relación comercial muy ajena a la agenda que se presume norma los liderazgos nacionales.
En el seno del PLD existe una franja que articula con inteligencia las debilidades de algunos exponentes de nuestra clase política. Por eso, el silencio cómplice y una pasividad inexplicable en segmentos de la sociedad seducidos por la idea de que sus votos deben transferir la facultad a sus beneficiarios para que asuman el pliego de reclamos ciudadanos propios de una cultura democrática en los escenarios donde se toman las decisiones de poder.
Las dos expresiones partidarias llamadas a ejercer la oposición pierden demasiado tiempo en sus querellas internas y en el intento de acomodo para beneficiar sus cúpulas. Esos repartos y combinaciones tendentes a satisfacer el apetito de clanes específicos indigna los dirigentes medios y de base que comienzan a darse cuenta de los amarres de gente capaz de traficar con su sudor y acumular personalmente cuando utilizan empresas de terceros para conseguir contratas, aprovechan las compras gubernamentales para colocar sus beneficiarios y se reducen en procura de designaciones en organismos parlamentarios apelando a cuotas indecentes.
A los reformistas el PLD los reduce a porcentajes muy pequeños debido al establecimiento de un proceso de adquisición a cambio de decretos. Lo lamentable, es que los sectores llamados a reivindicar esos espacios propios del pensamiento conservador no poseen las herramientas para levantar ese partido y colocarlo en la ruta de una vuelta a los niveles de preferencias de años anteriores. Por el contrario, un sector que experimentó niveles de resistencia terminó aceptando el retorno de los arquitectos de su desmembramiento porque desde el oficialismo se juega al chantaje con auditorías reveladoras de excesos administrativos inexplicables.
En el PRD ocurre lo peor debido al alelamiento de un sector que comete el error de creer que los niveles de insatisfacción con la actual administración se traducen automáticamente en simpatías hacia el partido blanco. Aún peor: Dirigentes importantes trabajan más para su posicionamiento personal y no a favor de adecuar una maquinaria política que nos conduzca a la victoria.
A veces, uno corre el riesgo de ser percibido como cómplice. Ahora bien, uno no termina de explicarse como la agenda del PRD está ambientada de combinaciones truculentas para salir ganando algunos, aunque el partido pierda. No existe una visión de conjunto sobre la sociedad y la indispensable articulación de propuestas sensatas para atraer núcleos que están molestos con el PLD, pero no perciben un partido en capacidad de seducirlos y proyectar una vocación por los cambios sociales, económicos y políticos que quiere la nación.
El PLD no ha sido grande, es nuestra pequeñez que lo hace trascendente. Lo ideal es apostar a gente que no vea la política como un negocio ni invente constantemente artimañas revestida de programas partidarios para dar el último golpe antes de su salida indecorosa. Así tendremos una verdadera oposición y no tanta pasividad que nos conduzca a la sospecha.
ggomezmazara@hotmail.comPOR GUIDO GÓMEZ MAZARALa oposición está anestesiada. Pocos hablan. Y no existe una correspondencia entre los padecimientos de la nación y el rol que deben ejercer los partidos. Como manifestación del divorcio que afecta a las organizaciones y su base social debo reconocer que los reclamos diseminados en una parte del territorio nacional obedecen al cansancio de núcleos ciudadanos y no a la articulación de ningún sector adverso a la actual administración.
El partido oficial ha desarrollado con bastante habilidad una enorme capacidad de penetrar los partidos y establecer relaciones primarias donde los favores e intercambios conducen al indecoroso pacto que, casi siempre, termina en una relación comercial muy ajena a la agenda que se presume norma los liderazgos nacionales.
En el seno del PLD existe una franja que articula con inteligencia las debilidades de algunos exponentes de nuestra clase política. Por eso, el silencio cómplice y una pasividad inexplicable en segmentos de la sociedad seducidos por la idea de que sus votos deben transferir la facultad a sus beneficiarios para que asuman el pliego de reclamos ciudadanos propios de una cultura democrática en los escenarios donde se toman las decisiones de poder.
Las dos expresiones partidarias llamadas a ejercer la oposición pierden demasiado tiempo en sus querellas internas y en el intento de acomodo para beneficiar sus cúpulas. Esos repartos y combinaciones tendentes a satisfacer el apetito de clanes específicos indigna los dirigentes medios y de base que comienzan a darse cuenta de los amarres de gente capaz de traficar con su sudor y acumular personalmente cuando utilizan empresas de terceros para conseguir contratas, aprovechan las compras gubernamentales para colocar sus beneficiarios y se reducen en procura de designaciones en organismos parlamentarios apelando a cuotas indecentes.
A los reformistas el PLD los reduce a porcentajes muy pequeños debido al establecimiento de un proceso de adquisición a cambio de decretos. Lo lamentable, es que los sectores llamados a reivindicar esos espacios propios del pensamiento conservador no poseen las herramientas para levantar ese partido y colocarlo en la ruta de una vuelta a los niveles de preferencias de años anteriores. Por el contrario, un sector que experimentó niveles de resistencia terminó aceptando el retorno de los arquitectos de su desmembramiento porque desde el oficialismo se juega al chantaje con auditorías reveladoras de excesos administrativos inexplicables.
En el PRD ocurre lo peor debido al alelamiento de un sector que comete el error de creer que los niveles de insatisfacción con la actual administración se traducen automáticamente en simpatías hacia el partido blanco. Aún peor: Dirigentes importantes trabajan más para su posicionamiento personal y no a favor de adecuar una maquinaria política que nos conduzca a la victoria.
A veces, uno corre el riesgo de ser percibido como cómplice. Ahora bien, uno no termina de explicarse como la agenda del PRD está ambientada de combinaciones truculentas para salir ganando algunos, aunque el partido pierda. No existe una visión de conjunto sobre la sociedad y la indispensable articulación de propuestas sensatas para atraer núcleos que están molestos con el PLD, pero no perciben un partido en capacidad de seducirlos y proyectar una vocación por los cambios sociales, económicos y políticos que quiere la nación.
El PLD no ha sido grande, es nuestra pequeñez que lo hace trascendente. Lo ideal es apostar a gente que no vea la política como un negocio ni invente constantemente artimañas revestida de programas partidarios para dar el último golpe antes de su salida indecorosa. Así tendremos una verdadera oposición y no tanta pasividad que nos conduzca a la sospecha.
ggomezmazara@hotmail.com

viernes, 13 de junio de 2008

Leonel y el concepto (1)

SOBRE EL TIEMPO PRESENTE
CLAVE DIGITAL
Leonel y el concepto (1)
El concepto es un arma noble, y no debe servir para encanallecer, para arrancarme de mí mismo, para expulsar de la ingenuidad del pueblo la belleza carnal de la verdad y las fuentes de las más nobles exaltaciones.
Andrés L. Mateo
Desde el Logos y el fuego primordial de los presocráticos, hasta la deconstrucción de Jacques Derrida o la “disolución del yo” de Gilles Deleuze, pasando por Hegel hasta Marx, Jacques Lacan y Michel Foucault; la aventura de la humanidad es la historia del concepto.
Ese mundo refractado a través de los marcos subjetivos del espacio y el tiempo, únicamente pudo ser atrapado en el concepto.

El concepto hizo la condición humana. Y no sólo porque conceptualizar expresa la deslumbrante cualidad de designar objetos universales, haciendo abstracción de sus particularidades; sino porque, sobre todo, el concepto es la palanca con la que la conciencia capta la estructura íntima de las cosas.
La palabra que fluye modela el tiempo, opera como posesión de la representación y es, mágicamente, la totalidad de las cosas.

Cuando digo “Mujer”, o cuando digo “Casa”, todas las mujeres y todas las casas están representadas a pesar de la infinita variedad de casas y de mujeres que existen; vagabundear por esa telaraña de imágenes fue el salto de la sabiduría humana, el espesor infinito, la variedad y la imprevisibilidad del saber que el concepto erigía.

El concepto fue una iluminación inaguantable de la inteligencia humana, une por emociones, sugestiones e instancias, varias fases de la experiencia individual y colectiva. Y ello, con una economía de recursos, apenas los signos trémulos del alfabeto, que son, en cierto sentido, la etimología del mundo.

¡Oh, Dios, la forma bastarda de la cultura no puede adivinar la grandeza del concepto, ese poder de atrapar el mundo en el espejo de la palabra! Es por eso que, en medio del debate electoral, cuando yo oí al Presidente Fernández proclamar su superioridad para estructurar conceptos frente a los demás candidatos, tuve la sensación de que las palabras se desteñían sobre las cosas.

No tengo ninguna duda de que maneja con mayor destreza el juego contradictorio de la retórica conceptual, pero el concepto históricamente no es sólo la capacidad de construir el “texto”, la idea; sino que el sujeto se deshace en él a través de un entrelazado, y si esa capacidad no sirve para superar, para engrandecer la condición humana, no tiene más que un valor negativo.

La grandeza del concepto es que hermana, como diría Roland Barthes, “el tiempo de la doxa, de la opinión, y el de la paradoxa, de la contestación”; por lo que deben fluir noblemente hacia los acontecimientos, hacia la vida cotidiana las límpidas ráfagas de esas palabras esculpidas.

El concepto es un arma noble, y no debe servir para encanallecer, para arrancarme de mí mismo, para expulsar de la ingenuidad del pueblo la belleza carnal de la verdad y las fuentes de las más nobles exaltaciones.

Se puede poseer superioridad conceptual, pero de nada sirve si ella nos conduce hacia una furiosa inclinación por la infamia. Leonel lo sabe, porque sus actos se transforman en sus gestos, y su comedia conceptual intenta hurtarnos la pluralidad del mundo.

Asi Hasta yo Ganaba Las Eleciones

CLAVE DIGITAL
SOBRE EL TIEMPO PRESENTE
Informe Beicochea
He leído sólo dieciséis páginas de ese informe, puesto que mi fuente tuvo miedo al final, pero son suficientes para tener una idea de la manipulación a que fue sometido el país en las elecciones pasadas.
Andrés L. Mateo

Carlos Beicochea es un asesor de imagen y estratega electoral, a quien el PLD contrató para estudiar cuáles eran las condiciones necesarias para irse en la primera vuelta. De origen colombiano, llegó al país por la vía de un embajador, y produjo un informe de setenta y dos páginas cuyas conclusiones se asemejan extraordinariamente a lo que ocurrió.
He leído sólo dieciséis páginas de ese informe, puesto que mi fuente tuvo miedo al final, pero son suficientes para tener una idea de la manipulación a que fue sometido el país en las elecciones pasadas.
Beicochea consideró tres condiciones imprescindibles para que el presidente Fernández triunfara en la primera vuelta:
“a)Desmembrar al Partido Reformista hasta reducirlo a no más de un 5%.
b) Neutralizar trescientos mil votos perredeístas.
Y c) producir un nivel de propaganda muy próximo a la saturación”.
Los tres hechos se dieron fehacientemente en el certamen electoral, en medio del tigueraje de la política dominicana; pero lo que sí tiene la horrorosa marca del carimbo de la corrupción fue la forma de lograrlo.
Beicochea sabe que no ofendía a nadie cuando escribió: “Lograr estos tres puntos no es nada difícil, siempre y cuando se tenga el presupuesto adecuado, puesto que la logística de estas acciones es el dinero. En lo que respecta al Partido Reformista la meta es fácilmente alcanzable, porque sus dirigentes nunca se han movido por ideales, y encuentran natural irse de un lugar a otro, siempre que haya cargos o dinero, o ambos a la vez”.
Pero aun así recomienda “cubrir estos actos de un cierto toque de espontaneidad, y de cierta majestad, a través de la asistencia a los mismos del Presidente Fernández”.
La neutralización de los votos perredeístas Beicochea la denomina “focalización de activistas”, y, según él, “se debe orientar hacia núcleos familiares netamente definidos en su intención del voto y, preferiblemente, en su militancia”.
El procedimiento es “el regularmente aplicado en estos casos, mediante la retención del documento de identidad hasta después de transcurridas las elecciones”. Hay otras recomendaciones que él llama “de impacto menor”, como el sonsacamiento de algunos dirigentes del PRSD en la capital y en Santiago, o la “captura”(sic) de alguna figura importante del PRD.
Yo no tengo ninguna relación sentimental con el Partido Reformista, ni me conmueve en forma alguna su destino, pero es claro que fue estremecido por una fría conspiración del Estado, tal y como revela el Informe Beicochea, cuyo contenido revela una constante histórica: que las reelecciones son fuentes de corrupción e impedimento de consolidación institucional, porque si lo sugerido se parece tanto a lo que ocurrió, y el plan se financió con los fondos públicos sin ningún escrúpulo y a la vista de todos, la reiteración de ese trauma desarticula toda esperanza de vida institucional verdadera.
La desgracia mayor de nuestro país es que nuestros “líderes” son carroñeros, y no importa que sepan conceptualizar, porque a la hora de actuar desdicen su discurso y encanallecen a la sociedad en su conjunto.